como tomar decisiones

Como líder, seguro te has enfrentado al incómodo momento de tener que imponerte ante los demás. Hoy vamos a ver cómo tomar decisiones en los negocios. La escucha activa es importante, pero la decisión final siempre es tuya, y también la responsabilidad de la decisión tomada. Es por eso que no todas las decisiones deben ser tomadas con la misma técnica, dependiendo de la urgencia y la cantidad de personas involucradas en las consecuencias.

Si has jugado al ajedrez con frecuencia, sabrás que no se trata de un juego de inteligencia. No se trata de genios moviendo piezas estratégicamente como el común de la gente lo ve. Se trata de movimientos previamente estudiados y consecuentes con la cantidad de movimientos posibles que hace el oponente.

Lo mismo ocurre con el famoso Rubik cube. No debes ser un genio para armarlo, sólo aprenderte los movimientos para ir formando cada cara. Arriba izquierda dos, medio derecha uno. A4 a c7, para los negocios es lo mismo. Se trata de conocer dónde estás y cuáles son tus posibilidades desde allí.

Y exactamente lo mismo ocurre con las tomas de decisiones: las técnicas no te aseguran tener la respuesta correcta, y tomar la decisión adecuada. Pero sí te guían en determinadas circunstancias a tomar una decisión: no la decisión adecuada (esperamos que si), sino la decisión de la forma adecuada.

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Cómo tomar decisiones: técnicas para emprendedores

Hay dos grandes caminos en la toma de decisiones, y tiene que ver con la cantidad de gente a la que afecta tu decisión. ¿Es una decisión personal, que sólo te afecta a tí? ¿Es una decisión que afecta a tu equipo o es una decisión corporativa que afecta al público objetivo al cual está destinado el producto o servicio? Veamos cada caso en profundidad, porque de ello depende la forma en la que debes tomar decisiones.

Toma de decisión en equipo

Cuando la responsabilidad es de un grupo, corresponde que la toma de decisiones también se tome en conjunto. En este caso, sólo hay dos posibilidades, aunque cada una se aplica en circunstancias diferentes.

Decisión por mayoría

Se trata de elegir entre varias opciones preestablecidas a través de votos de todo el grupo. Es una forma rápida y sencilla de tomar una decisión, se tarda lo que tarda presentar las alternativas y efectuar los votos. 

Pero también presenta algunas desventajas: si no se aplica de la forma correcta, y con las mayorías adecuadas, puede convertirse en un mecanismo de opresión de las minorías conocidas. Es necesario que este tipo de decisiones se apliquen sòlo ante temas que no tienen previa adhesión expresa de los participantes. Es ideal para cuestiones simples, con respuestas posibles en dicotomía. 

Tenemos la oportunidad de hacer eso, ¿lo hacemos o no? Con una respuesta cerrada, cada participante del grupo puede tener su opinión, y su voto final será uno u otro.

Decisión por consenso

Aquí la idea es encontrar un punto medio, al cual se llegaría por medio de una negociación. Todos deberían ceder algo respecto de su postura inicial, hasta que la solución les acomode a todos. 

Pero claro, este tipo de decisiones también tiene su parte negativa: un pequeño grupo o incluso una persona, puede bloquear una decisión rápida. Por ello es ideal ante una decisión que traiga grandes responsabilidades a todos y que no sea urgente. Debe haber espacio y tiempo suficiente para escuchar a todos e ir amoldando la decisión final. 

Tampoco se puede utilizar este método con decisiones dicotómicas. No hay una decisión tal como “puede ser” entre un sí y un no. ¿Vamos a hacer esto? ¡Tal vez! ¿No funciona, cierto? Debe tratarse de una decisión a medida, de una cuestión como el contenido de proyectos, o el desarrollo de algún producto.  

Con el tiempo adecuado y habilidades de negociación, se puede llegar a una decisión que todos apoyen.

Decisiones particulares

También puede ocurrir que las decisiones personales que debas tomar en tu trabajo, que involucran básicamente un cambio para ti y para nadie más, afecte de forma secundaria a otras personas (como el público objetivo), pero la decisión sea completamente tuya.

Por ejemplo, entran en esta categoría, las decisiones sobre si tomar o no otro puesto en una compañía, retirarte de tu propio proyecto dejándolo en manos de un CEO de confianza, o incluso el cambio de estrategias de gestión, ya sea de proyectos, de personal, de toma de decisiones, de atención al cliente, etc.

 

Pros y contras

Y aquí estamos desde los 15 años, tomando decisiones con listas de pros y contras. Ya debes saber de qué se trata. Una bella columna para las cosas a favor de tomar la decisión, y una bella columna al lado para sus contras.

Lo bueno es que esta simple técnica a veces es suficiente para tomar la decisión, porque no se trata de decisiones difíciles en el sentido cognitivo, sino en el emocional. Y ponerlo en papel muchas veces clarifica la cuestión. Muchas otras, no.

El primer análisis es bien fácil: ¿qué columna es más larga? La que resulte, es la ganadora. Si mayores cuestiones a favor, nos decantaremos por tomar la decisión, pero si hay mayor cantidad de factores en contra, entonces iremos por el no.

El problema surge cuando no todos los factores que incluimos en las listas son igual de importantes. A veces nos encontraremos con que alguno de ellos pesa más que los otros. Así que, simplemente, lo dejamos tomar e doble de su lugar, y volvemos a chequear qué columna es más larga.

 

Se trata de decisiones lógicas, no emocionales, aunque alguno de sus factores lo sea. Por lo que no debes preocuparte demasiado por el contenido de las columnas una vez lo hayas escrito. Simplemente, mira qué columna ganó y lánzate al vacío.

Éxito y fracaso

Debes estar preparada para todo, ¡quizá tu decisión sea un éxito rotundo y todo salga incluso mejor de lo que esperabas!

Pero también puede ocurrir que todo salga mal, y los contras se hagan realidad mientras que los pros te dejen esperando sentada. Debes visualizar ambos escenarios y tener un plan b para el peor de los casos.

Si se trata de una decisión que involucra ganancias o pérdidas, usa un stop loss para activar el plan b. Un stop loss es una especie de alarma que te indica que llegado cierto número de pérdida vas a implementar el plan de recupero para revertir la situación.

¿Has escuchado que siempre debes tener un plan B? Pues es cierto, cuando te enfrentes a decisiones con consecuencias monetarias que pueden ser negativas, planifica una acción de respaldo para recuperarte. Tienes que ser fría en esto, no te apegues a tu decisión si ves que no está funcionando y te está haciendo perder dinero, activos, personal, o cualquier otro elemento de valor de tu compañía.

Como dicen por ahí, espera lo mejor, y prepárate para lo peor.

 

Respaldo de antecedentes

¿Han intentado en este negocio algo similar antes? ¿Cómo ha salido? ¿Existe un registro de análisis de proyectos donde puedas verificar el paso a paso y los resultados?

Cuando vas a tomar una decisión arriesgada que tiene que ver con el futuro del negocio, verifica qué es lo más cercano que se ha intentado antes. Si en tu empresa no ha ocurrido, ¿lo ha intentado otra empresa del sector? ¿En qué condiciones externas (políticas, monetarias, sociales y culturales)? ¿Cómo ha resultado?

 

Empápate de todas las posibles consecuencias y céntrate en las similitudes y diferencias de las circunstancias y el entorno en el cual se ha tomado la decisión. Saca tus conclusiones.

Otros puntos de vista

Que la decisión sea suya no significa que no puedas preguntar por consejos o qué harían los demás, o incluso cómo ven la situación.

Elije a tres personas de buen criterio y experiencia en el sector, y cuéntales la situación. Pregunta qué harían ellos en tu lugar, cómo ven las probabilidades de éxito y fracaso. No estés preguntándole a todo mundo, porque vas a marearte con muchas opiniones distintas y la decisión se tornará más difícil. Tampoco elijas a sólo una persona, porque estarás tomando una decisión que no es tuya. Y elije un número impar, por las dudas.

Tres parece ser algo justo.

Una opinión o consejo bien calificados pueden tener peso en tu decisión, pero verifica que no sea el único factor por el que estás decidiendo.

Asegura el resultado

Antes hablamos del plan b en caso de que algo salga mal. Asegurar el resultado se trata de tomar ciertas medidas paralelas a tu decisión para mejorarla.

Si se trata de elegir entre a y b, y estás casi decida por a, entonces madura a sosteniéndola con c, d y e.

Por ejemplo, si vas a cambiar todo el sistema de software de tu empresa, ya lo has comparado con otros, y también verás las ventajas y desventajas que tiene. Les has pedido consejo a otras personas conocedoras de la industria y te has imaginado todo lo que pasaría si funcionara de maravillas, y también si fuera un desastre. Por último, investigaste si se ha hecho un cambio tan grande en la gestión en otro momento de la empresa, o de la industria.

Pero para madurar tu decisión y asegurar el resultado, vas a tomar otras medidas paralelas, de modo de no sufrir un reves. Vas a dejar un servidor desconectado, con un backup actualizado y completo del otro sistema que dejarás de usar, y todos los datos que vas a migrar al nuevo sistema. Al mismo tiempo, vas a capacitar a tu personal en el nuevo software. Y vas a guardar ese servidor en algún lugar para tenerlo de plan b.

 

¿Ya ves? No se trata de esperar lo peor, sino asegurar el resultado de lo mejor.

Las tripas hablan

Pues sí, y a menudo tienen razón.

Así que una vez que tengas toda la información, pregúntate: ¿qué te dice tu instinto?

Y simplemente, hazle caso. Si con todos los elementos, tu instinto te dice que vayas por ello, comienza a correr.

Y si aún teniendo toda la lógica a favor, tu instinto no se termina de convencer, amiga, mejor espera. Muchas veces simplemente podemos percibir que algo no está bien, aunque no podamos explicarlo. Y puede ser mejor dejar pasar el tren, si luego llega el avión.

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